Este hecho ocurrió durante 18 oportunidades en el mes de febrero de 1858 y
cuenta la joven Bernardita que en cada aparición la Virgen le encargaba dijese
a los pobladores, que para la época alcanzaban a la cifra de cuatro mil, que
deseaba la erección de una capilla en el lugar.
En una de sus visitas periódicas a la gruta de la sagrada aparición, Bernardita
vio que de la cueva brotaba un agua cristalina y, enterados los pobladores de
tal hecho, comenzó a utilizar el líquido en sus afecciones atribuyéndole
propiedades milagrosas. La noticia se propago y multitudes de peregrinos
comenzaron a acudir al lugar en busca de cura para sus dolores.
Ocho años más tarde, Bernardita ingresó en la institución de las Hermanas
de la Caridad de Nieves y luego de largos estudios, la Iglesia reconoció
la veracidad de las afirmaciones de la niña y el carácter milagroso de
algunas curaciones producidas en la gruta.
Autoridades eclesiásticas y franceses, luego el Vaticano, aprobaron las declaraciones de Bernardita y convirtieron la gruta de la aparición en un gran santuario en el que colocaron la imagen de la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes. Poco después, millares de peregrinos de todas partes afluían al sitio e innumerables enfermos daban testimonio de su c
uración al llegar ante la imagen de Nuestra Señora de Lourdes.
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