miércoles, 21 de septiembre de 2016

EL EMPERADOR CARLOS V

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            Carlos V resalta en la historia como un soberano poderoso cuyos dominios, inmensos, estuvieron situados en diferentes partes del mundo. De aquí que de él se escribiera: “nunca un hombre había reunido tantas coronas en su cabeza. Carlos de Austria era por sí solo una coalición, y como decían orgullosamente los cortesanos, el Sol no se ponía jamás en los dominios del rey de España”.
            Carlos Quinto era nieto de los Reyes Católicos, hijo de Felipe el Hermoso y de Juana La Loca. Heredó de estos los reinados de España y Alemania y las colonias de Flandes y Austria. Soñó en un momento con la dominación universal, pero tuvo que luchar con Francisco I, con quien trabó cuatro guerras, y a quien derrotó en Pavía, obligándolo a firmar el desastroso tratado de Madrid. Luchó también contra Solimán II, sultán de los otomanos, y contra los luteranos de Alemania. Ahogó en ríos de sangre la sublevación de los comuneros de Castilla que se oponían a que se dieran cargos públicos a los extranjeros y a que saliera del reino oro y plata. Durante su reinado tuvieron lugar tres hechos de trascendencia excepcional: La expedición de Magallanes que dio la vuelta al mundo; La conquista de México por Hernán Cortés y la del Perú por Francisco Pizarro y Diego de Almagro, sin contar múltiples descubrimientos de otros territorios.
            El difícil gobierno de sus reinos tan grandes y tan varios, acabó por quebrantar prematuramente la salud del monarca, por lo cual fue entregando paulatinamente las riendas del poder a su hijo Felipe. Carlos V, asistió en vida a sus propias funerales y en un acceso de misticismo se retiró al monasterio de Yuste donde pasó el resto de sus días en oración y penitencia.


            Historiadores como Robertson y Mignet y pintores como Ticiano se han inspirado en la vida y obra de este soberano, en cuyos dominios jamás se ponía el sol.     

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