martes, 27 de septiembre de 2016

UN EMPERADOR CRIOLLO

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            El 27 de septiembre de 1783, nació en Michoacán, México, Agustín de Iturbide, el primer y único emperador criollo que tuvo la América hispana.
            Hijo de un terrateniente español, se inició en las milicias de Nueva España como entonces se llamaba México y lucía la tira de alférez del ejército real cuando patriotas mexicanos liderados por el sacerdote Miguel Hidalgo se rebelaron contra el estado de cosas del virreinato y proclamaron la independencia  en 1810.
            Más que un patriota mexicano parecía entonces, acaso por la cercanía paterna, un realista convencido, a juzgar por la forma férrea como combatía a los patriotas que luchaban por emanciparse de la tutela hispana.  Su conducta, tan apegada a la realeza hispana, fue premiada mediante ascensos rápidos y ya en 1813 era coronel, connotado con el título  “Dragón de hierro”.
            No obstante denotó durante su carrera rasgos nada aceptables para el honor militar, pues reiteradamente fue acusado de mantener la lucha para obtener beneficios económicos con el comercio.  De eso lo señalaron empresarios de Guanajuato  y en 1816, siendo comandante general del Ejército del norte, fue  acusado ante el virrey Félix María Callejas de malversación y abuso de autoridad, por lo que  se retiró a su hacienda particular.        Estancia que duró poco toda vez que pronto volvió a sus andadas aprovechando la coyuntura dada por el pronunciamiento liberal de Rafael del Riego en España. Su conducta le valió que el virrey lo nombrase comandante general del sur con la misión de buscar un acercamiento con los insurgentes liberales mexicanos.
            El 24 de febrero de 1821 en la población de Iguala tras llegar a un acuerdo con los liberales publicó un programa político que proclamaba tres objetivos: religión, independencia y unión.  El 27 de septiembre las tropas españolas evacuaron México e Iturbide se declaró Emperador con el nombre de Agustin Primero.  Los republicanos no aceptaron ese desvío, por lo que Iturbide fue forzado a abdicar el 19 de marzo de 1823.  Inmediatamente se exilio en Europa, pero regresó al año siguiente y fue recibido con la admonición de traidor y pasado por las armas.

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