domingo, 4 de septiembre de 2016

MOSCÚ BAJO LAS LLAMAS

            El 4 de septiembre de 1812, los rusos incendiaron a Moscú por los cuatro costados para resistir desesperadamente de  esa manera contra las invasoras fuerzas de Napoleón Bonaparte, empeñado como Julio César sobre las Galias,  en ser dueño del continente euro-asiático.
            El incumplimiento por parte del Zar Alejandro de disposiciones del sistema continental, por el cual se pretendía el aislamiento económico de la Gran Bretaña, obligó a Napoleón movilizar sus tropas y marchar sobre Rusia.
            Fue en el año 1812, al frente de 600 mil hombres, cuando Napoleón decidió hacer entrar en su razón al Zar Alejandro mediante la fuerza de sus armas ya fogueadas en victoriosas batallas.  Estratégico error del Emperador.  Los rusos no presentaron batalla, sino que se fueron retirando de los frentes al mismo tiempo que incendiaban poblados y cosechas, hasta que al fin decidieron combatir en Borodino, a orillas del río Moscova, donde fueron derrotados por el poderoso ejército francés.
            Napoleón hizo su entrada en Moscú, pero la ciudad ardió por los cuatro costados.  El Zar Alejandro no se dio por vencido y una vez incendiada la ciudad, desencadenó ataques de guerrillas que unidos al hambre y al frío, acabaron con las altivas huestes imperiales.  300 mil soldados del ejército de Napoleón perecieron entre la nieve cuando tocaron retirada.  La campaña de 1812 marcó el comienzo del fin del gran dominio francés.
            De este formidable hecho que registra la historia universal, existe una composición musical de Tchaikovsky, titulada “Obertura de 1812”, ejecutada después de la consagración de la Catedral de Redentor, del Kremlin, erigida en acción de gracias por la victoria rusa sobre Napoleón, 68 años antes.
GUERRA CHINA CONTRA EL OPIO
            El 5 de septiembre de 1839 comenzó la guerra contra el opio planteada por las fuerzas chinas en un intento por contener la corrupción física y moral del país a causa de esa droga para entonces objeto de un muy lucrativo contrabando.
            El contrabando lo realizaban comerciantes de la Gran Bretaña con el opio procedente de las posesiones británicas en la India y el Sureste asiático.  La guerra comenzó cuando las autoridades chinas destruyeron un cargamento de la terrible droga en Cantón.
            Los británicos respondieron a esta acción china enviando una expedición de buques de guerra  en febrero de 1840, con los cuales obtuvieron una rápida victoria tras la que se firmó el Tratado de Nanking, por el cual China accedió a los intereses comerciales foráneos a cambio de frenar o evitar un contrabando excesivamente perjudicial para la población.
         Sin embargo, en octubre de 1856, la policía de Cantón abordó el navío Arrow y acusó a su tripulación de reincidir favoreciendo el tráfico de la droga maldita. Los británicos, que ansiaban conseguir mayores derechos comerciales, utilizaron este incidente para lanzar otra ofensiva con la que se inició la segunda guerra del Opio. Las fuerzas británicas ayudadas por las francesas no tardaron en lograr un nuevo triunfo militar en 1857.
 En 1860, después que las tropas británicas y francesas ocuparan Pekín e incendiaran el Palacio de Verano, las autoridades chinas accedieron a aceptar un nuevo acuerdo.  En definitiva, los chinos terminaron perdiendo las llamadas guerras del Opio y fueron obligados a abrir otros puertos, ceder Hong Kong a los británicos y la provincia de Amur a Rusia, aceptar la igualdad de trato con todas las potencias occidentales y garantizar otras concesiones diplomáticas y comerciales. Aunque todavía seguía conservando su independencia, China, inexcusablemente,  había sido humillada.

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