martes, 20 de agosto de 2013

BOMBA DE HIDRÓGENO EN PODER DE RUSIA

El 20 de agosto de 1953, la Unión Soviética se puso a nivel de Norteamérica al anunciar a través de su primer Ministro que había fabricado y hecho pruebas con bombas de hidrógeno y que también poseía una gran variedad de cobalto, mucho más infernal.
Después de la Bomba Atómica, el mundo comenzó a tener conciencia de la magnitud del fenómeno y a manifestar su horror y preocupación por otra arma termonuclear que usa como detonador una abomba atómica, provocando una  temperatura que puede alcanzar, según su potencia, hasta 50 millones de grados, la fusión de dos átomos de hidrógeno en uno de helio.
Ya en los años 1.951 y 1.952, los norteamericanos habían hecho estallar las dos primeras bombas de hidrógeno de la historia y una isla como teatro de la prueba, desapareció bajo las aguas del Océano Pacifico. Esta bomba de hidrógeno resultó veinte veces más poderosa que la atómica lanzada en Hiroshima. Podía ser lanzada por un submarino atómico, por un avión, e incluso ser ella misma un avión robot guiado desde su base por control remoto.
Para hacer más terrible aún la bomba de hidrógeno, se ideó revestirla de una capa de cobalto que permite una mayor radiactividad. En su continuo programa de perfeccionamiento, los Estados Unidos lanzaron en 1.954 en las islas de Marshall                 una bomba de hidrógeno 600 veces más poderosa que la atómica de Hiroshima, resultó dos veces más potente de lo que se había previsto antes de lanzarla y justificó la sorpresa el acto de desaparición de una isla del Pacifico, como tragada por un cráter inmenso y que los 23 tripulantes de un pesquero japonés navegando a 130 kilómetros de la zona de prueba, sufrieran perniciosos efectos de las radiaciones.
El poder destructor de la bomba de hidrógeno es tal que los científicos estiman que en determinadas condiciones haría posible la aniquilación de un lugar por completo.

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