viernes, 21 de febrero de 2014

LA MUERTE DE UN PANTEISTA



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         El 21 de febrero de 1677, en La Haya, capital de Holanda, y a la edad de 45 años, dejó de existir el teólogo y filósofo holandés Benito Espinoza. (Baruch Spinoza).  La tisis fue minando su salud hasta que ya no pudo más resistirse y sus fuerzas como su genio cedieron a la guadaña de la parca que fue más terrible que sus perseguidores ideológicos.
            Muerte demasiado temprana para un genio enteramente libre que se sobrepuso a las ideas cerradas de su comunidad israelita, de donde fue excomulgado y expulsado. Sus  ideas filosóficas asustaron a sus viejos maestros que le pidieron inútilmente su retractación. Aceptó el fallo con serenidad y valor. Su vida se vio más de una vez en peligro. No faltaron fanáticos dispuesto a eliminarlo físicamente.
            Su existencia, sin embargo, transcurrió tranquila y modesta. Cultivaba su pensamiento alternadamente con su oficio de pulir lentes para poder sobrevivir. Rechazó la ayuda de quienes se compadecieron de su pobreza y sostuvo sus ideas a través de varios libros escritos en latín.
            Espinosa era un panteísta acósmico, buscaba el conocimiento a través de la razón deductiva. Para él no había más que una sustancia: la divina, causa inmanente de todas las cosas. Dios o Naturaleza. Dios es la naturaleza entera. Dios se identifica en todas las cosas, sostenía el filósofo.
            Nacido en Ámsterdam el 24 de noviembre de 1732 del seno de una familia judía, Spinoza fue considerado como el exponente más completo del panteísmo durante la edad moderna..Sus ideas se hallan vertidas en “Tratado acerca de Dios, el hombre y su felicidad”, “Tratado sobre la corrección del conocimiento”, “Ética” y “Tratado teológico-político”.
            Después de su muerte, se abrió un gran paréntesis de silencio en torno a su pensamiento y obra, hasta que el idealismo alemán del siglo dieciocho lo sacó a luz y lo revalorizó. (@Piocid)

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