miércoles, 18 de junio de 2014

BATALLA DE WATERLOO

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Fue el 18 de junio de 1815 cuando se libró la célebre Batalla de Waterloo que puso término a la carrera política y militar de Napoleón Bonaparte, Emperador de Francia y quien logró dominar gran parte del continente europeo a comienzos del siglo diecinueve.
Regresado de la isla de Elba donde pagaba en exilio el fracaso de su invasión a Rusia y la pérdida de la batalla de Lepzig que volvió el reino a Luis XVIII, Napoleón se restituyó de nuevo en el poder  y  realizó grandes preparativos militares para hacerle frente a sus enemigos ingleses, austriacos, prusianos  y  holandeses.
La batalla se libró en la fecha señalada, desde las 11:30 de la mañana hasta pasadas las cuatro de la tarde, a 16 kilómetros al sudeste de Bruselas (Bélgica). Las fuerzas aliadas integradas por británicos, prusianos, holandeses y alemanes, estaban comandadas por el general británico Arturo Wellesley, duque de Wellington. El general inglés disponía de 93 mil británicos, alemanes y holandeses y ll6 mil prusianos. Las fuerzas francesas la integraban 124 mil hombres activos y 65 mil en posición de retaguardia. El ejército aliado estaba dispuesto para la lucha en dos cuerpos y conservaba una distancia de varias horas del ejército francés.  Napoleón decidió atacarlos por separado. Primero atacó al ejército prusiano y lo derrotó, luego marchó contra Wellington y esperaba la llegada de Grouchy con 33 mil hombres para el golpe definitivo, pero Grouchy equivocó el camino que debía seguir y no cumplió las últimas órdenes de su jefe, lo mismo ocurrió con el Mariscal Miguel Ney, por lo que el ejército inglés ayudado en el  momento más difícil por los prusianos, logró derrotar al ejército de Napoleón. Los 33 mil hombres del ejército francés que comandaba Grouchy no cerraron el paso al enemigo y tampoco   combatieron.


 Esto significó la causa de la derrota de Napoleón y de aquí que la historia juzgue severamente a este general francés al igual que al Mariscal Ney. Los franceses perdieron 40 mil hombres y 22 mil los aliados.  Derrotado Napoleón en la batalla más cruenta de la historia moderna, abdicó por segunda vez y se entregó prisionero.  Esta vez fue a parar a la isla de Santa Elena, donde terminaron  sus días mientras la monarquía borbónica quedaba de nuevo restaurada en la Francia revolucionaria.

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