domingo, 29 de junio de 2014

JOSE GREGORIO HERNANDEZ

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            El 29 de junio de 1919 murió arrollado por un automóvil en Caracas al bajarse de un tranvía eléctrico, el hoy Venerable José Gregorio Hernández, objeto desde su muerte de auténtico culto que ha llevado al Vaticano a iniciar un proceso de canonización, ya en la última fase de la santidad.
            El andino y trujillano pueblo de Isnotú donde nació el 25 de octubre de 1864, es objeto de continuo peregrinaje de  turista y devotos atraídos por lo pintoresco del lugar y el museo donde se reúnen y conservan todas sus pertenencias en vida, desde su bata blanca de médico hasta el microscopio donde realizaba prácticas de bacteriología.
            Sus estudios básicos preliminares los realizó en su propio pueblo natal y en Caracas.  En 1884 se inscribió en la Universidad Central para seguir la carrera de medicina hasta doctorarse en 1888, el mismo día y mes marcado para su muerte.
            Comenzó a ejercer la profesión en Isnotú, pero al poco tiempo lo sorprendió la buena nueva de una beca para  estudiar en Paris y traer los equipos de laboratorio del Hospital Vargas.  De regreso a Caracas, ingresó como profesor de la Universidad Central y fue encargado de la cátedra de Histología Normal y Patología, Fisiología experimental y Bacteriología.  Entonces fundó la  primera cátedra de bacteriología en el país y a través de su ejercicio, investigaciones y aciertos se fue perfilando como uno de los pioneros de la medicina moderna en Venezuela.
            No contrajo matrimonio ni tuvo hijos.  Su vida por entera la dedicó a la medicina, la ciencia, la filantropía y la religión. Investigó sobre la angina de pecho de naturaleza palúdica y describió por primera vez en el mundo su patogenia.  Asimismo investigó sobre el recuento globular, la bilharziosis, nefritis amarílica y trató la tuberculosis por  aceite de chalmoogra.


            En 1908, aprehendido por la vocación religiosa, ingresó por diez meses en la Cartuja de de Lucca (Italia).  Cinco años después quiso seguir la carrera sacerdotal  en el Colegio Pío Latinoamericano de Roma, pero por razones de salud se vio obligado a regresar a Venezuela, donde sumamente abstraído encontró la muerte al descender de un tranvía.

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