domingo, 8 de junio de 2014

MUERTE DE NERÓN

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8 de Junio del 68.  Ocurrió la muerte del Emperador Nerón. Fue, en términos generales, un suicidio porque dejó de existir por voluntad propia. Ordenó a uno de sus esclavos que ejecutaran su último deseo: el de morir, porque derrumbado estaba todo el  imperio que había levantado sobre las  crueldades y la sangre de sus víctimas.
El imperio romano comenzó con Octavio, luego reinaron Augusto, el más brillante de los emperadores romanos; Tiberio, el tirano sangriento; Calígula, el monstruo que lamentó que no tuviera el pueblo romano una sola cabeza para cortarla de un solo tajo; Claudio, el más instruido e inteligente pero también el más débil que se dejó gobernar por sus mujeres Mesalina y Agripina, hasta que apareció Nerón, el más cruel, el más sanguinario, cuyo solo nombre nos recuerda los inhumanos encuentros del circo y la gran persecución de los cristianos que como ratas se escondía en las catacumbas.
Nerón era hijo adoptivo de Claudio, quien a la muere de Mesalina se casó con Agripina, madre de Nerón. Y cuenta la historia que  Nerón designado sucesor de su padrastro, ascendió al trono después de envenenarlo. Cifraba entonces los dieciocho años y sus maestros Séneca y Afranio  lo habrían preparado para hacerle frente a su porvenir de Imperator. Al principio fue amado por todo el pueblo, que se entusiasmaba por su generosidad, su ingenio y habilidad y cuéntase que cuando se le presentó la primera sentencia de muerte que debía firmar, exclamó: “¡Quisiera no saber escribir!”. Pero muy pronto se cansó de su generosidad  y dio riendas sueltas a  sentimientos perversos que  lo llevaron a desconfiar de sus maestros y hasta de su propia madre, la que hizo asesinar con un centurión. Fueron innumerables sus víctimas, entre ellas, su hermanastro Británico, su mujer Octavia, el poeta Petronio y muchos nobles que murieron por orden  suya. Incendió a Roma mientras se deleitaba con su lira y luego atribuyó el crimen a los cristianos, contra quienes desató la más feroz persecución. Tanta tiranía y crueldad precipitaron la caída de Nerón con los levantamientos de Vindez y Galba, a quienes se unió el pueblo y el Senado. Al verse derrotado, ordenó a su esclavo más cercano que le diera muerte.  Entones exclamó: ¡Que artista pierde el mundo!   

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