viernes, 6 de diciembre de 2013

EL CRITICÓN


                El 6 de diciembre de 1658, falleció el  laborioso y sutilísimo autor de “El Criticón”,  Baltasar Gracián.
Murió a la edad de 57 años en España de donde era oriundo. Pero sus últimos días fueron amargos por las desavenencias que tuvo con la Orden de los Jesuitas de la cual era miembro desde la edad de 34 años. Sus obras literarias no eran del muy  agrado de su gente u de algunas clases de la época. Su originalidad de escritor y predicador le ocasionó envidias, odios y rencores. Pero por sobre todo ello, el hombre  encerrado en su hábito de sacerdote, estuvo siempre presente dentro de su conceptismo original, su estilo claro, sutil, y sus generalizaciones simbólicas del mundo.
Como escritor, representa la culminación de la prosa conceptual iniciada por Quevedo. Baltasar Gracián la ejercita en sus obras por la vía de la estilización  clara y de la alegoría, con una visión del mundo en que lo individual se diluye en las generalizaciones simbólicas. Fue un sacerdote y fundamentalmente  un hombre de pensamiento profundo, pero también, sin duda, una individualidad de acción puesta en evidencia durante sus querellas en el claustro así como cuando le tocó ser Capellán  durante la rebelión de Cataluña en 1646, particularmente dentro del fragor de la Batalla de Lérida.


            “El héroe” fue su primer libro, virtualmente una réplica de  “El Príncipe de Maquiavelo”. Publicó otras  pero es la novela alegórica “El  Criticón” su obra principal y la que puso sobre ascuas su existencia. A mucha gente de su época  y de su orden no le gusto  y fue amenazado con sanción moral y hasta física, pero ella circuló y el mundo literario la acepta y reconoce como una  obra filosófica en la que se aprecian las impresiones de un salvaje en presencia de la civilización de aquella época del siglo diecisiete.

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