viernes, 27 de diciembre de 2013

LUIS PASTEUR

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                           El nacimiento de Luis Pasteur, ocurrido el 27 de diciembre de 1822, habría sido un acontecimiento trascendente si algún reputado astrólogo de la época se hubiera atrevido a predecir que con aquella criatura de 1822, hija de un curtidor de modesta fortuna, nacía uno de los jalones más importantes de la ciencia.
                             El nacimiento de Pasteur sólo adquiere caracteres de importancia cuando los científicos de la época, en su lucha tenaz contra las enfermedades, sienten el alivio esperanzador de comprobar los resultados de sus investigaciones. El científico había descubierto que las enfermedades infecciosas son causadas por gérmenes.
                               El nacimiento de los hombres sólo tiene interés para la humanidad cuando éstos aportan algo de su genio, inteligencia creativa, desinterés y preocupación, en beneficio de la sociedad universal. Por eso los pueblos suelen declararse en fiesta en la fecha que recuerda el nacimiento de los hijos ubicados dentro del círculo de los salvadores.  Sólo  el que salva del mal, en cualquiera de su formas, en este mundo, podrá tener la convicción de que será  venerado por la memoria de los hombres en cualquier de las fechas importantes de su vida.
                        Por ello, Luis Pasteur se recuerda en el aniversario de su natalicio, porque durante su vida trabajó dentro de su profesión vocacional para aliviar los sufrimientos ajenos. Antes, nadie sabía el origen de las enfermedades infecciosas, desconocían los gérmenes, esas bacterias microscópicas que tanto daño causan, por eso los males de la naturaleza humana en el pasado eran tratados superficialmente. Después de Pasteur y gracias a él la ciencia avanza encandilando los males con el brillo enfurecido de su espada.

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