viernes, 20 de diciembre de 2013

EL PADRE DE LA CIRUGÍA MODERNA.

                 El francés Ambrosio Paré murió el 20 de diciembre de 1590 cuando el tiempo crecido sobre sus barbas lo perfilaba como un sabio octogenario. Ya había crecido en el tiempo su ardoroso deseo de servir a la humanidad doliente y esa humanidad lo señalaba sin prejuicios como el “Padre de la Cirugía Moderna”. Era un título merecido en sostenidas campañas por la salud aún cuando en el siglo XVI infundía más que confianza, temor presentarse como profesional de la cirugía, vale decir de la cirugía bata corta como llamaban a los barberos.
                    Porque el cirujano era un sangrador, generalmente un barbero, tan de mala muerte como Ambrosio Paré.  Durante ese tiempo, los verdaderos médicos, los científicos eran aquellos señores adultos y adustos, con el cerebro lleno de citas latinas y de teorías sin mucha trascendencia científica. ¿Cuántas veces no hubo de padecer Ambrosio Paré el prejuicio  de su origen de baja estirpe y de barbero sangrador?  Se reían de él, como se ríen hoy los profesionales de la ciencia de la salud de curanderos y brujos marginales. Pero Ambrosio Paré no era remotamente eso. Sino un sabio potencial que gradualmente se fue  incorporando codo a codo con la experiencia que le iba mostrando  el camino de la ciencia verdadera.
                  Sin embargo, a la postre, jerarcas de la realeza llegaron a entender al hombre que cultivó la medicina con singular destreza a través de su arte quirúrgico.  Las  campañas militares contribuyeron sustancialmente en su alto aprendizaje. Pudo en el curso de su trayectoria y a través de las bisecciones que practicaba, descubrir el sustituto del cauterio con las simples ligaduras de arterias y venas; abandonó el empleo del aceite hirviente en el tratamiento de heridas, creo miembros y ojos artificiales y renovó los métodos operatorios.


                     Tanto fue su fama y su éxito que aún siendo hugonote, le perdonaron la vida en la histórica terrible noche de San Bartolomé. Era que Ambrosio Paré, además de salvar vidas, cultivaba la bondad, la compasión, el sentido común, y eso no se olvida en los más complicados e infernales momentos de la sociedad.

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