miércoles, 23 de abril de 2014

CERVANTES Y SHAKESPEARE

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            El fallecimiento de dos figuras cumbres de las letras universales coincidió en el tiempo: Miguel de Cervantes Saavedra, quien dejó de existir en Madrid el 22 de abril de 1616 y al siguiente día del mismo mes y año expiró también en la ciudad inglesa de Stratford, William Shakespeare.
            A la orilla del río Avon se levanta un museo, una iglesia y un teatro.  El Museo es la casa donde nació Shakespeare (1564) y que conserva todo lo que ha sido posible rescatar y que tiene íntima relación con su vida y sus obras. En la Iglesia, llamada La Trinidad, encasillados en una tumba, reposa la blancura espectral de sus restos y en el Teatro iluminado con el resplandor inagotable de su nombre, periódicamente van los grandes actores a encarnar los personajes y los conflictos tan reales y humanos de sus libros. También hay una biblioteca y un monumento grandioso a su memoria. Es como si la bella ciudad de Stratford convertida en uno de los centros universales del arte y la que tuve la fortuna de visitar en 1978, estuviera dedicada o fuera sola de Shakespeare. En ella nació cuando su padre era un humilde carnicero y en ella murió como ignorando al mundo que exaltaría la calidad de su obra, solo comparable a la de Cervantes con la diferencia que “el genio español creo dos personajes que son síntesis de la humanidad y el inglés se prodigó en tantos, que ha podido decirse  que  nadie  ha  creado  más  que  Shakespeare  después  de Dios”.
            Y es rotundamente coincidencial que Miguel de Cervantes Saavedra, dramaturgo, poeta y novelista, autor del Ingeniosos Hidalgo don Quijote de La Mancha, considerada como la primera novela moderna de la  literatura universal, haya muerto también la misma fecha.   Cervantes murió de hidropesía a los 69 años de edad.    Había nacido  en  Alcalá  de Henares el 29 de septiembre de 1547. Fue primero soldado y peleó en la batalla de Lepanto donde perdió la mano izquierda. Su vida fue como una novela teñida de aventuras, de crueles sufrimientos, del más puro heroísmo y del color gris de las penurias.

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