domingo, 6 de abril de 2014

DESCUBRIMIENTO DEL POLO NORTE

            La entereza y la osadía de los hombres que se dedican a las exploraciones polares, no tienen igual la historia ni en la leyenda. Viven en temperaturas mortíferas, navegan en buques que pueden ser destrozados por témpanos gigantescos, vuelan en aeroplanos que son juguetes agitados por vientos y tormentas de indescriptible violencia y caminan sobre mantos de hielo que pueden resquebrajarse y devorarlos.
            Muchas expediciones que se realizaron con el propósito de llegar al Polo Norte o al Polo Sur, o de explorar regiones adyacentes, fracasaron con bajas irreparables. Pero al fin la insistencia por llegar a lo desconocido hubo de dar sus frutos. El 6 de abril de 1909, el marino  y  explorador  norteamericano  Roberto  E.  Peary,   de  la  armada  norteamericana, después de siete intentos durante dieciocho años, conquistó el Polo Norte. A él correspondió la gloria de izar la bandera de su país en el sitio deseado, acompañado por su asistente negro Matías Henson y cuatro esquimales.
            Roberto Peary  partió con su expedición hacia el Polo Norte el primero de marzo de 1909 desde el cabo Columbia, a 760 kilómetros del Polo. Su expedición iba compuesta de siete exploradores, diecisiete esquimales, 133 perros y diecinueve trineos. Peary, según su diario, planificó el ascenso estableciendo una sección de vanguardia, que exploraba y abría la marcha sobre el inmenso mar de hielo y el grueso de la expedición lo dividió en cinco secciones de cuatro hombres cada una. Durante la marcha las secciones debían regresar una tras otra a la base del cabo Columbia, a medida que se agotaban las provisiones. El 1 de  abril, al llegar a los 88 grados de latitud Norte, regresó a la base la última sección que debía hacerlo, solamente la sección Peary siguió avanzando en direcciones al polo hasta alcanzarlo.
            Peary realizó numerosos observaciones astronómicas y meteorológicas, comprobó la posición geográfica del polo e izó en él bandera de los Estados Unidos de América. Peary no vió tierra alguna. Realizó sondeos hasta 2.700 metros de profundidad sin encontrar fondo. Estaba en un punto geográfico perdido en una vasta extensión de hielo que cubría la superficie del Océano Glacial Ártico.

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