sábado, 12 de abril de 2014

PAZ EN LA TIERRA


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            La histórica encíclica que el Pontificado de Juan XXIII dirigió al mundo el 12 de abril de 1963, es una carta abierta a los ojos y reflexión no sólo de los católicos, sino de la humanidad entera, en la que se revela la preocupación y la ansiedad porque el mundo pueda ser arrojado accidentalmente al holocausto atómico.
            El Sumo Pontífice, a los 83 años de edad, revela en su Encíclica la forma como considera que la paz pudiera ser permanente, una paz en todos los niveles, entre hombre y hombre, comunidad y comunidad, nación y nación. Denuncia en esta la Octava Encíclica “Pacem in Terris” (Paz en la tierra), la persecución radical y religiosa; condena la intervención de un Estado en los asuntos de otro. Exhorna a los gobiernos para que lleven a todos los hombres los beneficios de la prosperidad atómica. Pero más que nada, habla de su temor porque la guerra fría pueda tornarse caliente.
            La fabricación de armas se justifica sobre la base del equilibrio de las fuerzas; pero no puede negarse que la conflagración pudiera estallar por alguna eventualidad inesperada. Y aunque el miedo a la destrucción atómica pueda ser un disuasivo, “es de temer que la simple continuación de los experimentos nucleares, llevados a cabo pensándose en la guerra, tenga consecuencias fatales para la vida de la tierra”. Por lo tanto los experimentos nucleares tienen que ser prohibidos y hay que alcanzar el desarme total efectivamente controlado.


            El Papa capituló la encíclica en las siguientes cinco partes: 1. El orden que debería existir entre los hombres, sus derechos y los deberes que tiene cada cual con su      semejante para vivir en paz y prosperidad;  2. Las relaciones que deberían existir entre los individuos y el Estado, estipulando que los hombres tienen él deber de aceptar la autoridad aunque puedan oponerse a ella si las leyes son contrarias a la voluntad de Dios;  3. Las relaciones entre los Estados;  4. Las relaciones entre los hombres  y  5. Exhortación a los católicos.

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