lunes, 7 de julio de 2014

FUNDACIÓN DE SAN ANTONIO DE UPATA


7 de Julio de 1762
Las ciudades, como nosotros, también nacen, crecen, se desarrollan y mueren, como Nueva Cádiz o Pompeya sepultadas por movimientos telúricos hace ya unos siglos. Esto parece ser la regla general. Pero hay ciudades que nos dan una sensación perdurable de vida. Son pueblos que a medida que le van cayendo los años, experimentan una acción contraria a  la decadencia, a la ultimidad. Como las milenarias secoyas, son cada vez más gigantes y frondosas.
Una ciudad que crece y se desarrolla en el tiempo sin entrever siquiera el final de su existencia, es una ciudad que no tiene porque estar triste, es una ciudad que no le teme al deshojamiento del calendario y que toda está absorbida por el vivir continuo. Por eso ya podemos imaginarnos a Upata, la primigenia llamada “San Antonio de Upata” impertérrita y serena, casi extrovertida de júbilo por su aniversarios. La hincada del tiempo jalonado por más de dos centurias y media no ha podido sino advertir su  naturaleza de pueblo que quiere encumbrarse como la secoya a expensas de sus propios medios.
Porque Upata, a pesar de haber nacido pobre, nunca ha tenido menos que ayer. Nació como una villa al calor del hábito misionero, bajo la égida de una cruz sembrada en su corazón de tierra fecunda, apenas con once casas y labranzas,  y  ya hoy es una ciudad señorial, todo un municipio con más de 60 mil habitantes y tantos y variados servicios como necesidades, que mira y aguarda el porvenir. Ya no se trata de su clima favorable, de sus montes feraces y de sus “buenas y bastantes sabanas para ganado” como decía en su informe el misionero  fundador Benito de la Garriga  y que han sido su mejor fuente de vida, sino de otros recursos humanos y mineros como el manganeso, la magnetita y el caolín.  Upata nunca ha perdido su fama de tierra apta para el trabajo.  La tuvo ayer cuando los soldados de la patria encontraron en su granero la bendición de sus armas libertarias y la tiene hoy cuando Ciudad Guayana asoma su prosperidad a través de la autopista que la acerca y la acelera en su devenir. 





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