sábado, 5 de julio de 2014

INDEPENDENCIA DE VENEZUELA


En la Capilla de la Iglesia de San Francisco, el 5 de julio de 1811, los representantes de las provincias de Caracas, Cumaná, Margarita, Barcelona, Barinas, Mérida y Trujillo, firmaron el acta por medio de la cual se declara la independencia de Venezuela.
Treinta diputados provincianos, de los cuarenta y cuatro designados, reunidos en el sagrado recinto, deliberaron sobre la trascendente materia de la independencia. Sólo el diputado de La Grita, Manuel Vicente Maya, tuvo la intemperancia de salvar su voto. Otros como el diputado doctor Juan Germán Roscio, dudaron ante la magnitud del acontecer. Pero hombres como Miranda, Yánez, Peña, respondieron y defendieron con ardor los derechos inalienables de los venezolanos.
El Presidente del Congreso Nacional, Juan Antonio Domínguez, tuvo el honor histórico, de declarar solemnemente la Independencia de Venezuela, completando así el acto cívico del 19 de abril de 1810 cuando el pueblo expresó la voluntad de ejercer su soberanía. El 19 de abril y el 5 de julio, complementarias ambas, constituyen el prefacio de muchos episodios cruentos difíciles que se libraron en los campos de batallas para lograr hacer de Venezuela un pueblo libre y soberano.
Nuestra libertad y soberanía con relación al dominio español, no cabe duda de que fueron logradas. Para ello fue necesario guerras de muchos años, a la cabeza de las cuales brilló siempre el genio de Bolívar. Pero las luchas intestinas que sobrevinieron después, afloradas por la ambición política de mando, enervaron esa libertad y esa soberanía permitiéndose la entronización de influencias extrañas en lo económico, ideológico, espiritual y político que empañan realmente esas conquistas. Nos preguntamos si aún somos verdaderamente libres o si todavía falta por ganar muchas batallas.

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