lunes, 17 de marzo de 2014

Violencia en Casa del Congreso

Amarga lección esa del pasado que nos habla de una violencia absurda, sin sentido.  Desbarajuste de pasiones que ante nada se contiene. Tanto de un bando como de otro emanó la actitud hostil, implacable, que lesionó vidas y malogró retratos de próceres. Nadie fue capaz de concebir una fórmula para enderezar el entuerto y si a alguien se el ocurrió, inútil intención fue porque la situación hubo de prolongarse quizás hasta estos días que parece haber heredado en toda su expresión y contenido los desafueros ocurridos.

Embestida fatal de entonces que se recuerda como triste y lamentable, fue la irrupción de grupos armados al salón donde solía reunirse la Asamblea Legislativa del Estado, el mismo salón donde en 1819 Bolívar llamó a la unidad y concibió con trazos firmes la independencia de Venezuela, América, y la creación de la Gran Colombia. En aquella tarde del 17 de marzo de 1962, las pasiones políticas habían llegado al clímax de la ofuscación y no se podía discernir lo sagrado de lo materialmente individual y partidario.

La Asamblea Legislativa se prestaba a recibir en su seno a una Comisión del Congreso Nacional para plantear asuntos que bien podían ayudar a la solución de ciertos asuntos públicos, pero grupos interesados, encendidos por el fervor partidario mal dirigido, obstaculizaron el acto perdiendo de vista el ambiente donde iba a desarrollarse. Poseídos de una ignorancia por los valores sagrados de la historia incurrieron en la violación del recinto, armados de revólveres y cabillas. Obreros y estudiantes pelearon con las armas a sus alcances y no contentos con la lucha cuerpo a cuerpo se dieron  a la tarea de incendiar el salón quemando puertas y ventanas y ofendiendo los oleos de los Próceres de la Independencia. Todavía el salón conserva vestigios de aquél desmán incontrolado como aldabonazo perenne en la conciencia de los irresponsables.

No hay comentarios:

Publicar un comentario